La conoceréis, quizá, por la película “figuras ocultas” (que si no habéis visto recomiendo para este fin de semana), un ejemplo de mujer que desafió los límites de la aplicación matemática demostrando que el cielo y el espacio no eran límite para ella.

Desde pequeña demostró sus dotes con las matemáticas, pese a que en el condado de Greenbrier, donde residía, carecían de escolarización pública para los estudiantes afroamericanos. Por ello, sus padres decidieron trasladarse durante la época escolar a la escuela de secundaria de West Virginia. Aquí comenzaba la leyenda de Katherine Johnson.

Una mujer que ya destacaba de pequeña

Pionera afroamericana en el mundo de las matemáticas, estudió la carrera en la Universidad West Virginia State, una universidad históricamente negra. Allí pudo compartir conocimiento y mentorización con ilustres profesores como, por ejemplo, W. W. Schieffelin Claytor (el tercer afroamericano en recibir un doctorado en matemáticas). En 1937 se graduó summa cum laude en matemáticas y francés con tan solo 18 años. Su primer empleo fue como maestra en una escuela pública negra de Marion, Virginia.

[Imagen de la joven Katherine Johnson – Crédito: Timetoast]

Cuándo volvió a dedicarse a su carrera profesional

Se casó, se quedó embarazada y tuvo que renunciar a su carrera para centrarse en su familia. En 1952, en una reunión familiar, un pariente mencionó que el Comité Asesor Nacional de Aeronáutica (NACA, que más adelante se cambiaría de nombra a NASA) estaba contratando matemáticos. Para Junio de 1953 Katherine aceptaba una oferta para trabajar en la agencia.

[Imagen de la tarjeta de acceso de Katherine Johnson en las instalaciones de la NASA – Crédito: Google]

Al comienzo trabajaba junto con otro grupo de mujeres haciendo cálculos matemáticos en lo que denominaban “la piscina“. “Las calculadoras virtuales con falda“, así se refería ella a su trabajo que consistía en leer los datos de las cajas negras de los aviones y realizar otras tareas matemáticas precisas. Un día Katherine fue asignada a uno de los equipos de investigación de vuelo formado por hombres. El conocimiento de Katherine sobre geometría analítica la hizo destacar entre los jefes y sus colegas masculinos hasta el punto de que: “se olvidaron de devolverme a la piscina“.

Revolucionó la NASA

Katherine era diferente, hacía muchas preguntas y quería aprender más sobre su trabajo y sobre la NASA. Así que empezó a ir a reuniones donde, hasta entonces, sólo había hombres. Ella, gracias a sus conocimientos, cambió las reglas de la NASA. Sus aportaciones eran vitales para los proyectos.

Aprendió tanto que dejó su trabajo de computación y se convirtió en una de los miembro del equipo que trabajó en diferentes proyectos espaciales para la NASA.

[Imagen de la presencia de Katherine dentro del centro de mandos de la NASA – Crédito: The New York Times]

¿Qué hizo ella para la NASA?

En 1962, los Estados Unidos decidió enviar a la primera persona a la Luna. Ir y volver de la Luna requeriría mucho trabajo, y Katherine Johnson y sus conocimientos sobre cómo usar la geometría para los viajes espaciales era clave para determinar los caminos que la nave espacial debía orbitar -alrededor de la Tierra- para poder aterrizar en la Luna. La NASA aplicó los cálculos de Katherine… ¡y funcionó! La NASA envió astronautas a orbitar alrededor de la Tierra. Más tarde, sus matemáticas ayudaron a enviar astronautas a la Luna y de vuelta.

[Ejemplar en pdf de las notas técnicas que redactó Katherine Johnson para el viaje a la Luna de la NASA – Crédito: NASA REPORTS]

¿Qué hizo ella después de la NASA?

Katherine Johnson trabajó para la NASA durante más de 30 años, retirándose 1986. Y, como final del relato, toca recordar que nuestra protagonista nos dejó este pasado febrero, a los 101 años de edad.

Otro ejemplo de mujer que desafió las normas que estaban marcadas demostrando a través de sus argumentos, de sus cálculos y de su ingenio todo lo que podía aportar a la ciencia, a la tecnología y al desarrollo humano. Y todo esto sin dejar de lado quien era ella realmente. Gracias, Katherine Johnson, por todo.