Desde que hace más de una década las redes sociales invadieran nuestro día a día hemos visto una evolución constante de estos entornos digitales. No se trata de una evolución rápida, al contrario. Tal y como ocurrió al comienzo de la civilización, hace más de 4,000 años, los pasos que se están dando en el mundo digital son pasos dubitativos y que no parecen tener una dirección clara.

Las protestas que se han desatado en Estados Unidos a raíz del cruel asesinato de George Floyd a manos de un agente de policía ha dado una vuelta de tuerca a la trifulca acontecida unos días antes entre el Presidente Donald Trump y Twitter. Las declaraciones que viene realizando Donald Trump en esta red social, incluso desde antes de llegar a la Casa Blanca, siempre han sido objeto de polémica.

La semana pasada, al amparo de una nueva política introducida por Twitter, que tenía por objeto evitar la propagación de bulos sobre la COVID-19, uno de los tuits del presidente Trump fue etiquetado como un potencial bulo. Esto desató la ira del mandatario norteamericano y la aprobación de una orden ejecutiva para regular la responsabilidad de las redes sociales sobre el contenido que se publica en las mismas.

Casi al mismo tiempo que Trump firmaba la orden ejecutiva, Twitter seguía etiquetando los tuits del Presidente de los EE.UU. En este caso la etiqueta rezaba que el tuit de Trump, que venía a decir que cuando empiezan los altercados comienzan los disparos, había violado las reglas sobre glorificación o exaltación de la violencia de la red social.

Mientras que Twitter y su CEO Jack Dorsey han tomado partido y parecen haber acotado lo que se puede o no se puede decir en las redes sociales, Facebook y Mark Zuckerberg han optado por hacer algo distinto a lo que cabía esperar. Si hace poco más de un año Facebook ponía en marcha un programa de verificación de la información que se arrojaba en su red, en esta ocasión Zuckerberg ha optado, de acuerdo con sus propias palabras, por no actuar desde un punto de vista personal, sino como líder de una institución comprometida con la libertad de expresión.

En su post, Zuckerberg explica que él y su equipo han leído cuidadosamente las políticas de Facebook y no han encontrado razones para eliminar las declaraciones de Trump. En concreto, alude expresamente a Twitter diciendo que a diferencia de ellos, Facebook no cuenta con una política de etiquetar los posts advirtiendo que los mismos pueden incitar a la violencia, porque en estos casos consideran que deberían eliminarlos. La reacción de múltiples empleados de Facebook no se ha hecho esperar y han participado en un walkout virtual y manifestado su disconformidad en la reunión global de la empresa del pasado martes.

El debate de la libertad de expresión

En las redes sociales este tema no es nuevo y no tiene visos de resolverse en el corto plazo. Los errores de la Inteligencia Artificial en Twitter o Facebook han puesto de manifiesto que ésta todavía está lejos de ser capaz de identificar matices como el sarcasmo, la ironía o entender que una cita no es atribuible al usuario que está escribiendo el tuit o el post. Junto a la la IA las redes sociales vienen empleando forma de control del contenido que se vierte en las mismas. Los fact checkers. El fact checking es precisamente lo que generó la polémica de la semana pasada con el presidente Trump. La orden ejecutiva de Trump fue celebrada y bien recibida por un número significativo de usuarios que acusan a las redes sociales de tener un sesgo de izquierdas y no ser verdaderamente neutrales. Sin embargo, también hay voces que les acusan de tener un sesgo de derechas. Y, en este punto, vuelve a cobrar relevancia la pregunta de qué son realmente Facebook y Twitter.

La orden ejecutiva de Trump pretende quitarles la protección que tienen en relación al contenido que se publica en sus redes. Mientras que los medios de comunicación sí que son responsables de lo que se escribe en los mismos, junto al autor del artículo en cuestión, ya que dichos medios tienen la capacidad de editar dichos artículos o textos, hasta la fecha, ni Facebook ni Twitter ni otras redes sociales eran responsables de ello.

El argumento de Trump parece tener sentido. Si a partir de ahora las redes sociales van a etiquetar contenido y condicionar a los lectores sobre la veracidad del mismo se está realizando una labor propia de un medio de comunicación, la edición, y por tanto deberían responder como tales. Zuckerberg parece haberse dado cuenta de que esa batalla puede suponer un incremento de costes enorme ya que cuenta con unos 2500 millones de usuarios activos una cantidad que es notablemente mayor que los 340 millones de usuarios activos de Twitter.

Facebook carta abierta empleados

La reacción de Facebook ante las medidas

No obstante, parece que Facebook no se quedará de brazos cruzados y obligará a verificar su identidad a aquellos usuarios que tengan audiencias grandes y que sean capaces de viralizar contenido. Esta medida ataca a uno de los mayores problemas que ha existido en las redes sociales, el anonimato. La principal diferencia entre el mundo 1.0 y el mundo 2.0 es que la libertad de expresión en el primero es ejercida por una persona reconocible, mientras que en el segundo muchas veces no es posible identificar al autor del post o del tuit en particular.

Este anonimato abre la veda a ataques gratuitos, a la exaltación del terrorismo y a todo tipo de conductas que en el mundo analógico están contempladas en la legislación penal de la mayoría de los países desarrollados. Dicho de otra forma, en el mundo 2.0 insultar, vejar o hacer daño a otros suele salir gratis.

El caso de Donald Trump y los acontecimientos que se están viviendo en EE.UU. a raíz del asesinato de George Floyd  vuelven a poner en primer plano el manido debate de las redes sociales y su moderación. ¿Debemos dejar en manos de las propias redes y de los terceros que éstas contratan el control de lo que se puede decir o no en las mismas? O ¿Debemos exigir que la transparencia sea la regla general y, de esta forma, facilitar que los mecanismos que rigen nuestra sociedad puedan actuar de forma más directa en el mundo digital?

Mis conclusiones

La sociedad siempre ha ido por delante del Derecho, pero la digitalización ha incrementado todavía más la distancia que existe entre ambos mundos. Personalmente, prefiero la segunda opción. La libertad conlleva responsabilidad y la responsabilidad no se puede exigir de forma directa a aquel que no da la cara o se oculta detrás de un avatar.

Bajo mi punto de vista, tiene más sentido que las redes sociales tengan mecanismos de control sobre la identidad de personas que gestionan cuentas que no son de personas reales, en lugar de ejercer un control total sobre el contenido que vierten la totalidad de sus usuarios en los posts o tuits que publican. De esta forma, se acotaría mucho el trabajo que debe hacerse desde estas plataformas digitales, se simplificarían las reglas de uso y se facilitaría el control de aquellos que abusan de la falta de madurez del mundo digital. Y, lo más importante, todos seríamos responsables individuales de un uso civilizado de algo que ha transformado el mundo. De nosotros depende, por tanto, utilizarlo para mejorar o empeorar nuestra sociedad.