Llevamos años escuchando que el consumo de plástico se acaba. La última de las medidas que hemos visto de forma directa es que ahora nos hacen pagar un añadido si queremos llevarnos una bolsa de algún establecimiento. Pero, ¿es suficiente para paliar el efecto del plástico?

El problema que tiene el plástico es que afecta en dos ámbitos: en su producción, y todo el consumo de energía, agua y material que implica; y por otro lado respecto a su desecho, ya que puede llegar a durar sin degradarse más de 150 años.

La semana pasada me topé con un nuevo proyecto, llevan poco más de un año de trabajo y su historia es cuanto menos anecdótica. Silvana y Joseán trabajaban para el sector de la arquitectura efímera (materiales y decorados para festivales y eventos) en Brasil. Preocupados por encontrar una solución a que los materiales invertidos en sus obras no fueran directos a la basura, apostaron por reutilizar los materiales, reciclarlos o encontrar alternativas más sostenibles. Se interesaron por reconectar con la innovación e investigación para reducir el impacto al máximo.

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

Imagina: tú, yo y una isla de lo más paradisíaca, sin mayor preocupación que sentirnos en sintonía con la naturaleza. Pero un buen día, a partir de una tormenta llegan toneladas de basura a la orilla. En ese momento, ¿qué piensas? Yo no lo sé, pero los creadores de la siguiente iniciativa, Silvana (diseñadora) y Joseán (arquitecto), no lo dudaron ni por un segundo, recogiendo sus cosas en Brasil y embarcándose en una aventura que les llevó a Barcelona a investigar sobre biocompuestos.

En la Ciudad Condal, en un taller sobre biomateriales al que asistía Silvana, el profesor les encomendó llevar un residuo a la formación y, con las prisas, la alumna acabó cogiendo los huesos de oliva que tenía en el plato. Pues bien, estos huesos terminaron siendo el material que daría vida a todo un proyecto. Una transformación de desecho a materia prima, ¿no os suena a economía circular?

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

El trabajo para convertir compuestos orgánicos en nuevos materiales se caracteriza por la manipulación química/física para conseguir algo en concreto. Y, ¿sabéis qué? Esto es lo que se conoce como biocompuesto.

De este residuo orgánico (el hueso de la aceituna) nace Reolivar, un proyecto de nuestros dos protagonistas para la creación de un nuevo material más ecológico. Sus propiedades son de lo más características, nos cuenta Joseán: un punto de fusión muy bajo (lo que implica un menor aporte calórico y por ello mejor para el medio ambiente), es más moldeable que el plástico y, en estado líquido, puede usarse como adhesivo. Además permite su diseño y moldeado con cortadoras típicas usadas para madera y otros materiales de forma sencilla y barata. 

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

Los huesos de aceituna los recogen en las almazaras, donde los procesan directamente y los convierten en pellets. Tradicionalmente su uso estaba reservado para generar energía biomasa (donde se cerraba el ciclo de vida de la aceituna), pero con Reolivar ahora cuenta con una nueva aplicación. La producción anual de las almazaras de aceite en cuanto al hueso de aceituna asciende a las 27.000 toneladas. ¿Y de media cuántos huesos de aceituna se necesitan por cada proyecto de Reolivar? Pues para hacer un panel de 1 metro cuadrado y 1cm de espesor hacen falta unos 12.000 huesos. Lamentablemente se recopilan todos los huesos y se trituran sin separación por variedades con lo que aún no es posible obtener huesos procesados de un solo tipo de oliva. Pero nos comenta Joseán que no notan diferencias significativas en el comportamiento al venir de un tipo de oliva o de otra.

¿Y cómo se comporta este biocompuesto? Del procesado del hueso de aceituna se obtienen dos tipos de compuestos que han diferenciado en “tierra” y “aire”.

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

El compuesto tierra (muy parecido a la madera), se comporta de forma muy estable y sin ningún tratamiento (como barnices o ceras) una vez llega a  su secado total no sufre modificaciones. Su reacción al calor o la humedad en interiores es muy baja y solo se nota una disolución cuando se llena su contenido de agua. En el exterior es cierto que si sufre una exposición al sol larga puede afectar a su estabilidad. A futuro buscan encontrar un tratamiento que ayude a impermeabilizar (sin quitar propiedades de compostabilidad) y así poder usarlo en vajillas.

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

Por otro lado, el compuesto aire es más transparente, más flexible y más ligero. Es más sensible a la temperatura y la humedad (tanto en interior como en exterior). Su uso es más decorativo por su capacidad escultórica. “Es un material vivo, si le da el sol parece como si se moviese”, añade Joseán. Para su uso interior se recomiendan bombillas led o de bajo consumo para que no afecte al material. Aunque parezca frágil como el vidrio, el tacto es tan resistente y ligero como el plástico.

¿Cuántas veces podemos reutilizarlo? De momento han probado a reutilizarlo entre 4 y 5 veces (con el poco tiempo de desarrollo del proyecto tampoco han podido experimentar más) pero sigue comportándose perfectamente. Es un material que permite su uso para múltiples aplicaciones y hasta el momento muchas empresas se han puesto en contacto con ellos como una solución al diseño de piezas que sustituyen a las que actualmente tienen de plástico. Para juguetes es otro gran descubrimiento, la posibilidad de una vez el menor se ha cansado del mismo juego poder reconvertirlo en otro totalmente diferente.

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

Sobre sus próximos proyectos tienen como objetivo continuar con las fases de desarrollo y prototipado, paralelamente quieren encontrar más aplicaciones a este nuevo material. Tienen en proceso proyectos para hacer muebles, macetas, envases y están en conversaciones con un proyecto de nanosatélites para utilizar su material. Pero no quieren dar puntada sin hilo y buscan involucrar a la sociedad en el proyecto, buscando centros y asociaciones de apoyo social para la manufacturación del mismo, dado que es muy sencillo de procesar y no requiere de grandes infraestructuras para darle moldeado. La mano de obra social será un punto muy importante dentro de Reolivar.

[Imagen: Cedida por naifactory_lab]

Por último os dejamos un mensaje que nos deja Joseán sobre la cuestión del cambio de paradigma en cuanto al uso de materiales:

El origen del problema es cómo lo usamos. El plástico es un gran material pero lo usamos mal. ¿Un material indestructible para un solo uso?. Es preocupante. Se necesita un cambio de consumo, renegar de la filosofía de “usar y tirar” y buscar dentro de la sociedad de bienestar individual el colectivo. Ese equilibrio soñado, los movimientos por el ecologismo son temas tratados desde hace más de 50 años, incorporando por parte de la sociedad poco a poco. Al final es una tendencia imparable, y el problema es la velocidad. Al ser humano le encanta complicarse la vida, la naturaleza funciona ensayo error y teniendo en cuenta la parte de responsabilidad que puede llevar este tipo de estudios (obviando todo aquel que tenga que ver con la salud o la integridad física de las personas), buscar nuevos objetos o nuevos materiales, y ayudar a reducir el impacto mayor para el medioambiente requiere de ir más rápido  en la búsqueda de alternativas.

Toca buscar alternativas a lo que se ha demostrado que no funciona. El consumo y uso de materiales contaminantes nos ha llevado a un punto casi de no retorno. Nuestra única salida es investigar y aprovechar lo que nos da la naturaleza y la tecnología. No hay otro camino si queremos conservar nuestro planeta. Quién sabe si el uso de la aceituna será quien nos salve.