Esta noticia nos ha pillado totalmente por sorpresa por la situación en la que estamos, ya que desde que empezó la pandemia los países (incluidas las primeras potencias) han mantenido un perfil bajo en casi todo lo que no fuese la lucha del coronavirus. Hasta ahora, ya que en Rusia parece que no sólo piensan en combatir el virus.

Y decimos “combatir” con toda la intención, ya que desde el Comando Espacial de los EEUU aseguran que en Rusia se está llevando a cabo pruebas con misiles antisatelitales, que forman parte de su programa de pruebas militares cuyo objetivo es saber si sus cohetes pueden alcanzar y destruir los satélites que orbitan alrededor de la Tierra.

Si bien estas pruebas las llevan realizando desde 2014, con un sistema conocido como Nudol, lo sorprendente es que el Gobierno de Putin haya decidido continuar probándose incluso en mitad de una pandemia global.

Quitando ese punto, que sin duda nos plantea muchas preguntas, lo que no está claro es si Rusia destruyó algo. Aunque desde el Comando Espacial de EEUU comentan que parece que no, que no hubo ningún impacto. Eso sí, no saben si porque no acertaron en el lanzamiento o porque no había ningún objetivo marcado.

Eso sí, si nos guiamos por la estadística, lo más seguro en que las últimos pruebas Rusia no haya conseguido darle a ningún satélite (u otro objetivo), ya que desde que comenzaron sus pruebas no han conseguido acertar a ningún blanco móvil.

El general John Raymond, comandante del USSPACECOM y jefe de operaciones espaciales de la Fuerza Espacial de EEUU dijo en un comunicado que: “El espacio es crítico para todas las naciones y nuestra forma de vida. Las demandas sobre los sistemas espaciales continúan en este tiempo de crisis donde la logística global, el transporte y la comunicación son claves para derrotar la pandemia de COVID-19″.

Tal y como indican en The Verge, realizar este tipo de operaciones militares es una muestra de fuerza para los países, ya que demuestra que esa nación puede llegar a destruir satélites clave en caso de necesidad, o guerra.

Y esto no es sólo un problema desde el prisma político, sino también práctico, ya que estas pruebas son ampliamente condenadas por muchos miembros de la comunidad espacial internacional debido a que estas demostraciones crean toneladas de chatarra que pueden durar meses, e incluso años, en órbita. Y con esto aumentan las probabilidades de que un satélite pueda colisionar -sin querer- con estos desechos.

Si la carrera armamentística y militar no suele tener buena prensa, ahora aún menos en plena crisis mundial, ya que los esfuerzos parece que deberían estar todos puestos en la misma dirección.