Muchas veces miramos a China con desconfianza, cosa que solemos hacer los humanos cuando no conocemos algo. Lo desconocido es malo, solemos pensar. La cuestión es que China es un país enorme, con infinidad de recursos y donde, las cosas como son, se llevan a cabo acciones titánicas y -casi imposibles- de replicar en ningún sitio (en eso ayuda el ser una dictadura, claro). Lo vimos con la gestión del coronavirus, lo volvimos a ver con la ciudad futurista de Tencent y nos lo volvemos a encontrar con el caso que hoy os traigo.

Si sois ciudadanos de alguna ciudad importante -suelen ser capitales porque el centralismo es lo malo que tiene- seguramente habréis visto como en los últimos años la flota de autobuses se ha ido modernizando. Posiblemente con algunos modelos eléctricos junto con otros movidos por gas (emiten un 98% menos de CO2 que los de gasolina, por lo que también se consideran limpios), y esto es la tendencia: convertir los transportes públicos en alternativas ecológicas.

[La flota de autobuses que vemos en cada ciudad – Crédito: Unplash]

Lo raro y lo nunca visto antes es lo que han hecho en Shenzen, ciudad china con una población de 12,5 millones de personas, ya que en su misión por reducir las emisiones dentro de la ciudad han convertido a toda su flota de autobuses en vehículos eléctricos. Y eso es mucho.

Concretamente hablamos de 16.000 autobuses eléctricos, los cuales transportan al día a más de 1 millón de personas. Y lo mejor, reduciendo sus emisiones dióxido de carbono en un asombroso 48%. A lo que hay que añadir que ahora hacen mucho menos ruido y que mantenerlos es más barato (la mayor empresa de la ciudad cifra en 98.000 dólares el mantenimiento de un autobús eléctrico frente a los 112.000 del diésel).

[Los autobuses forman parte del paisaje de las ciudades – Crédito: Unplash]

Eso sí, no todo es ahorro y caras alegres, ya que comprar un autobús eléctrico cuesta entre dos y cuatro veces más que un autobús diésel, por lo que la inversión no ha sido pequeña.

A esto hay que añadirle que los autobuses eléctricos tienen una autonomía de 200 kilómetros, por lo que toca electrificar bien las ciudades y eso es caro, requiere de planificación y de mucho espacio libre (porque los cargadores son grandes). Si hablamos de números la flota de Shenzhen utiliza aproximadamente 4.000 megavatios-hora (MWh), lo que es mucho si consideramos que 1 MWh abastece de energía a unos 300 hogares durante una hora.

[La electrificación de las rutas, uno de los problemas – Crédito: Unplash]

En el reportaje de la revista Wired trasladan la experiencia que ha tenido la empresa Grupo de Autobuses de Shenzhen, la mayor de las tres empresas de autobuses de la ciudad, ya que su flota es la más grande de Shenzhen:

“Acomodar sus 6.000 e-buses requirió que la compañía construyera 106 estaciones de carga con un total de 895 puntos de carga. Cada punto cuesta 77.000 dólares. Se instalaron en 74 estaciones en depósitos que ya eran propiedad de la empresa, pero también tuvieron que adquirir 32 nuevas estaciones, tender kilómetros de cable de alimentación y rediseñar las rutas para que los autobuses eléctricos nunca estuvieran demasiado lejos de una estación de carga”. Como veis, no es una cosa fácil. En absoluto.

[Y los puntos de carga, un problema que ya vemos con los coches eléctricos – Crédito: Unplash]

En todo el mundo vemos como la tendencia a la electrificación del transporte público es una realidad, pero hace falta apoyo y financiación estatal si lo queremos llevar a cabo durante esta década que entra. Queda mucho por hacer, pero vamos por el buen camino.