Imagínate: es el año 2010. Estás viendo una serie online (eras de esos antes de que Netflix se pusiera de moda) y el capítulo de 40 minutos multiplica su duración a causa de tu mala conexión. Has probado todos los trucos que hacen funcionar tu router y no hay manera de ver al protagonista sin píxeles en la cara.

Ahora es 2020. Plena pandemia mundial. Trabajas por internet, te informas por internet y solo puedes ver a las personas a las que más quieres vía internet. Todo esto con la misma conexión que en 2010. Suena algo incómodo ¿verdad? Más difícil todavía: 2020, pero sin internet. Esta es la realidad que afecta a 3.600 millones de personas.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), casi la mitad de la población mundial carece de acceso a la red y es, como era de esperar, en los que la ONU denomina como países menos desarrollados (PMD) donde la conectividad es más reducida: solo un 33’1% de sus habitantes cuenta con una suscripción a la banda ancha móvil, mientras que en Occidente hay más suscripciones que personas.

África es la región más afectada por esta desconexión, un territorio en el que el problema no es solo el hecho de no tener conectividad, es también el que no sea de manera privada. Solo un 17’8% de los hogares africanos tienen acceso a internet y únicamente el 10’7% cuentan con un ordenador como el que necesito yo para escribir este artículo.

Así viven y trabajan millones de personas cuando se recomienda el confinamiento en todo el planeta. Incluso abastecidos de agua y alimentos, necesitan exponerse para hacer todo aquello que nosotros hacemos detrás de una pantalla.

Donar un teléfono para financiar uno nuevo

Jari Ala-Ruona, CEO y cofundador de Aion Sigma, ha dedicado los últimos cinco años a facilitar el acceso a la tecnología en África subsahariana. “Mi objetivo ha sido hacer que los nuevos smartphones sean asequibles permitiendo que las personas paguen por ellos mensualmente”, explica el CEO incidiendo en el alto coste de un móvil en la región. “Gastar 80€ en un móvil al año podría equivaler a comprar tres MacBook Pro al mes para un europeo”, señala.

El pasado septiembre, Ala-Ruona reunió a su equipo en Ronda (Málaga) para decidir los próximos pasos de su compañía. De ahí surgió la idea de Smartphones4good: una iniciativa que consiste en vender smartphones usados procedentes de donaciones y financiar con lo recaudado el acceso a teléfonos móviles nuevos en África.

Sin embargo, el proyecto no se puso en marcha hasta la llegada del Coronavirus. La Comisión Europea organizó el Hackathon #EUvsVirus del 22 al 25 de abril y el equipo presentó su proyecto. “De 20.900 personas y 2.150 soluciones presentadas, ganamos la categoría ‘Finanzas digitales: soporte para excluidos digitales.’” “Unos días más tarde llegó la guinda del pastel, el Imaginbank de España nos había patrocinado con un premio de 5.000 €”, recuerda Ala-Ruona.

Una de las decisiones más importantes detrás de Smartphones4good es el público a quién va dirigido su programa: mujeres empresarias africanas. Diferentes organizaciones y empresas indican que las mujeres invierten el 90% de su salario en su familia, mientras que los hombres dedican solo un 40%, lo que hace menos probable que las empresarias puedan comprar un móvil. Para el equipo de Ala-Ruona este fue el impulso para orientar su programa a ellas.

Smartphones4good proporcionará (además de un teléfono) formación y contenidos sobre negocios y sobre el COVID-19 para sus Smartphones a mujeres en Ruanda, Mozambique, Ghana y Kenia. Precisamente es en Kenia donde ha empezado a expandirse otra de las iniciativas que promueve la conectividad en tiempos de Coronavirus.

Loon combate la desconexión a base de globos

Hechos de láminas de polietileno y preparados para volar durante más de 100 días, los globos de Loon (una empresa filial del gigante de Google, Alphabet) viajan por la estratosfera aprovechando sus vientos, que pueden superar los 100km/h.

Varios globos se colocan sobre zonas rurales y poco accesibles para conectarse a la señal que emite un operador en tierra, de esta manera permiten que los móviles personales obtengan acceso al servicio de su compañía telefónica.

La batería de estos dispositivos está totalmente impulsada por energía solar y, a través del almacenamiento de la información sobre los vientos que cada globo comparte con el resto, generan algoritmos que permiten que se desplacen de forma autónoma.

En Kenia se han acelerado los trámites legales que permiten operar a Loon en su territorio para mejorar las comunicaciones durante la pandemia. El acuerdo comercial entre Loon y la operadora Telkom Kenya existía desde 2018 y en verano de 2019 obtuvieron un permiso para empezar a probar los equipos en el terreno, pero la coyuntura actual ha hecho que sea más urgente que nunca conectar a los keniatas.

“Dada la situación global con COVID-19, estamos trabajando lo más rápido posible para desplegar el servicio Loon en Kenia para ayudar a corto plazo y establecer operaciones sostenibles que continuarán sirviendo a los kenianos a largo plazo”, explicaba Alastair Westgarth, CEO de la empresa, en un post de Medium.

Poco después Westgarth anunciaba el próximo paso que dará Loon en África, un contrato comercial con Vodacom en Mozambique.

¿Es posible una banda ancha universal?

Tanto Smartphones4good como Loon han recibido un empujón a causa de la crisis del Coronavirus, sin embargo son iniciativas que se proyectan a largo plazo y que podrían ser esenciales en la realidad mundial que nos encontremos cuando todo esto acabe.

El confinamiento y el distanciamiento social nos han demostrado la importancia que tiene la conectividad en nuestra vida, que es tanta que podría llegar a considerarse un derecho. Pero ¿sería eso posible? En octubre de 2019 un informe conjunto de la ITU y la Unesco estimaba que, para que África pudiera acceder a una banda ancha universal y de calidad en 2030, serían necesarios 100.000 millones de dólares, algo menos que el patrimonio actual de Jeff Bezos.

De momento, y hasta que el multimillonario fundador de Amazon decida donar todo su dinero, la conectividad en los países menos desarrollados solo podrá mejorar por medio de iniciativas como estas o las que promueve la Alianza para un Internet Asequible (A4AI) o Quika.