No es fácil adivinar el futuro. A lo largo de la historia muchas personas han intentado vivir de este negocio, pero muy pocas han tenido éxito adivinando el final de la tierra, el sol o el universo. El oráculo más famoso del pasado fue el de Delfos, en la Grecia Antigua. Allí, Sibila se aventuraba a predecir el futuro inspirándose con los vapores que salían de una grieta. Muchos siglos después, a mediados del XVI, Nostradamus escribió “Las profecías”, casi mil cuartetas poéticas que, si bien no se originaron bajo los efluvios de una roca, son tan abstractas que muchos encuentran en ellas coincidencias con algunos eventos ocurridos siglos después.

En la actualidad, parece necesario vestirse estrafalariamente con túnicas y gafas puestas del revés, hacer movimientos hipnóticos para convencerte de que “hay algo que te inquieta, te atormenta o te perturba” o en el mejor de los casos, participar en programas de Telecinco “leyendo” el futuro en los culos, como asegura el Maestro Joao. Entrar en trance mirando un buen par de nalgas nos pasa un poco a todos, pero cuesta creer que el futuro se encuentre en la grieta de esas rocas.

Vas a morir, y lo sabes

Como buen lector de Rewisor, sabes que nos gusta la ciencia y, aunque a veces nos echemos unas risas con lo surrealista de nuestro mundo, estamos siempre atentos a lo que los científicos tienen que decir. Durante este año absurdo en el que hemos estado días asomados a la ventana pensando qué será de nuestra vida tras este confinamiento interminable, he repasado la lista de predicciones científicas de las cosas que van a sucederle a este mundo, cositas malas quiero decir, al menos desde un punto de vista humano.

[Cerebro humano, imagen con luz polarizada 3D (3D-LPI). Esta tecnología se utiliza para obtener con resolución microscópica la estructura y arquitectura de las fibras de conectividad cerebral en cerebros humanos post-mortem. Crédito: Proyecto eBrain]

La vida no es un guion de cine y, aunque a muchos les gusta guardar el misterio de lo que el destino quiera traerles, este artículo va de todo lo contrario. La primera de las cosas que seguramente sabes ya es que vas a morir (algún día). Quizá los que nazcan a partir de mediados de siglo tengan alguna oportunidad de escapar de la muerte biológica, en ello están trabajando miles de personas. El objetivo final sería descargar la información de nuestro cerebro orgánico para vivir eternamente en un cuerpo robótico o en la misma nube. Si no has visto Upload de Amazon Prime Video, no sé a qué esperas.

Virus y bacterias, nuestros amigos

Este coronavirus 19, de letalidad relativamente baja en el ser humano (no llega al 1%), te ha hecho pensar que llegar a los 90 puede no ser el camino de rosas que te habías imaginado. No hace falta ser Bill Gates para darte cuenta de que las pandemias han existido a lo largo de la historia y que lo seguirán haciendo. Así que si de esta no mueres probablemente de la próxima tampoco. Los virus son responsables de muchos de los cambios evolutivos de todas las especies, provocando modificaciones de conducta, seleccionando los individuos más fuertes o, en muchos de los casos, escribiendo código en el ADN de las células (y sin ayuda del 5G). Ya lo decían nuestros padres, “lo que no te mata te hace más fuerte”. Es prácticamente imposible que un virus o una bacteria (terrícola) acabe con la humanidad en su conjunto, así que respira tranquilo. 

Guarda tu ordenador en sitio seguro

De todas las catástrofes que pueden ocurrir próximamente, me sorprende lo poco que se está hablando sobre las tormentas solares. Si no sabes qué fue el evento Carrington (la tormenta solar de 1859) y te da pereza leer, Disney+ te echa un cable en el documental “Misión al Sol”. Los ciclos solares, que duran unos 11 años aproximadamente, son cambios en el campo magnético de nuestra estrella que producen más o menos manchas solares, una especie de llamaradas que son responsables de la emisión de rayos de alta intensidad. La atmósfera de la tierra y nuestro propio campo magnético nos protegen bastante bien de la mayoría de ellas. Las auroras boreales son su mejor producto de marketing.

En 1859, la intensidad de la tormenta solar provocó auroras boreales en lugares poco habituales del planeta (hay registros de ellas en Madrid), la gente vio el mar rojo, las nubes cobrizas y, aquí viene lo bueno, inutilizó los sistemas de comunicaciones eléctricas fundiendo directamente los cables de cobre del telégrafo recién inventado en medio planeta. Aunque tormentas de ese calibre ocurren de media cada 500 años, cada 50 tenemos una de dimensiones menores pero relevante.

[Tormenta solar de julio de 2012, un evento de tamaño medio. ¿Necesita el Sol un poco de Omeprazol?]

El evento Carrington en nuestra sociedad electrificada y digitalizada de hoy es el mayor riesgo para el hombre a corto plazo. Borrado de casi toda la información digital, interrupción de las comunicaciones y caída del sistema eléctrico, cuando no directamente su inutilización. Imagínate un año sin electricidad, sin ordenadores y con cero euros en una cuenta bancaria borrada por un soplo de rayos solares. Sinceramente no encuentro nada más apocalíptico para este 2021 en el que todo puede pasar: el ciclo solar 25 en el que nos encontramos comenzó en diciembre de 2019 y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) de Estados Unidos anuncia que será uno de los más intensos de los que se tienen registros. Ríete de los culos de Joao.

El dinosaurio eres tú

En nuestro sistema solar parece que de momento no nos encontramos en riesgo inminente de llegada de meteoritos como el que hace 66 millones de años borró al 75% de los “géneros biológicos” de la faz de la tierra: la famosa extinción masiva del Cretácico-Paleógeno. Estamos en permanente recepción de materia interestelar, como maravillosamente cuentan el director alemán Herzog y el vulcanólogo Oppenheimer en “Fireball, visitantes de mundos oscuros”, el documental de Apple TV+. La tierra es una criba que recorre el espacio recolectando, gracias a su atracción gravitatoria, materia que flota en el vacío interestelar. La totalidad de nuestro planeta se creó así, recogiendo poco a poco los restos de supernovas, estrellas que explotaron y que esparcieron átomos complejos. De estos mismos átomos estamos hechos y no se crearon en el Big Bang.

[Los meteoritos y nuestro planeta: una historia de amor]

De todas las cosas pequeñas que pueden llegar, nadie descarta que pueda haber alguna forma de vida microscópica, o elementos de ella. Algunas teorías del origen de la vida en nuestro planeta apuntan a esta vía llamada panespermia. De todas formas, ya sea en forma de Armagedón o de pequeña partícula tocapelotas, esta posibilidad entra dentro del guion.

Serás de nuevo una estrella

El profeta Oseas, al que se le atribuye la autoría del Libro de su mismo nombre del Antiguo Testamento, dice de Yahvé en el capítulo 6 versículo 3, que su salida es “tan cierta como la aurora”. Nos hemos acostumbrado tanto a ver salir el sol cada mañana, que pensamos que esto va a ocurrir siempre. Y quizá las dotes de adivino de Oseas vengan a decir que Dios no vendrá… de la misma manera que la aurora es incierta.

Nuestro Sol, una estrella de tipo “enana amarilla”, tiene los días contados. Formada hace más de 4.600 millones de años, todavía le quedan 7.500 millones más de combustible. Si estabas preocupado, relájate, porque no lo verán tus ojos. Todavía le queda tiempo para producir calentamiento global si la humanidad continúa por la senda de la contaminación y de mirar para otro lado. Cuando llegue el momento, se transformará en gigante roja antes de explotar para convertirse en nebulosa planetaria, una nube de átomos ionizados que seguramente hipnotizarán con su belleza a los habitantes de otros planetas de nuestra galaxia.

[Nuestro Sol como gigante roja. Esto sí que es ponerse tocho]

El proceso de fusión nuclear que sucede en el interior de nuestro astro favorito es un delicado equilibrio de fuerzas que mantiene su tamaño estable. Puedes verlo con detalle en el capítulo 8 de Cosmos, del canal National Geographic en Disney+.  Cuando el hidrógeno de su zona central, que permite la fusión nuclear en átomos de helio, se agote, el núcleo de la estrella se contraerá aumentando drásticamente la temperatura y provocando la expansión de su superficie de tal manera que llegará casi hasta Marte. Los planetas Mercurio, Venus y la Tierra pasarán a formar parte del Sol. Los átomos que hoy conforman tu cuerpo y que ni Oseas se atrevió a adivinar qué malvas estarán criando entonces, brillarán de nuevo dentro de una estrella. Sonríe.

La coreografía más grande del universo

Entretenidos con las peripecias del Sol, puede que estemos mirándonos demasiado el ombligo. El cosmos es movimiento, estrellas, planetas, galaxias danzando al compás de la gravitación universal. Si como Franco Batiatto, buscas un centro de gravedad permanente, no lo encontrarás. El universo no tiene centro y mucho menos somos nosotros. Esta bella coreografía se desarrolla a velocidades espectaculares que pasan desapercibidas aquí pegados a la superficie de la tierra.

Los cálculos de posición y velocidad de los cuerpos celestes de gran tamaño como las galaxias permiten predecir las trayectorias con bastante precisión. Si te estás preguntando, como observador de una jugada de billar, si tenemos alguna bola en movimiento que venga hacia nosotros, estás en lo cierto. La Vía Láctea y la galaxia más próxima a nosotros, Andrómeda, se acercan a la velocidad de 300 kilómetros por segundo y colisionarán dentro de 3.000 a 5.000 millones de años, mucho antes de que el Sol agote su combustible.

[Cuando tengamos ojos digitales con más ISO, podremos ver Andrómeda así de nítida. Está a solo 2,5 millones de años luz]

Los tamaños de las galaxias son descomunales, y no estamos acostumbrados a verlas con nuestros propios ojos, no porque sean pequeñas por la lejanía, sino porque las estrellas que las componen están demasiado lejos para que nuestra visión registre su luz a simple vista. Todas las estrellas que vemos por la noche se encuentran dentro de la Vía Láctea a relativamente poca distancia del Sol. Sin ningún tipo de aumento, si nuestra retina tuviese la sensibilidad de las cámaras digitales, veríamos que estamos rodeados de galaxias. Una de las imágenes más bellas que recuerdo, nos enseña el tamaño proporcional de Andrómeda respecto de la luna en nuestro cielo. Según se vaya acercando a nosotros, cada vez será más brillante, llegando a competir con la franja luminosa de la Vía Láctea que vemos hoy.

Esta colisión será un enigma para nuestro sistema solar. Los tamaños de las estrellas y las distancias entre ellas son equivalentes a una canica separada de otra por la distancia entre Madrid y León. Cuando ambas galaxias se encuentren será similar a dos chorros de humo que se cruzan: una enorme coreografía de trayectorias afectadas de la gravitación y pocos choques de partículas. No obstante, si los agujeros negros que están en el centro de nuestra galaxia y de Andrómeda se encontraran, las ondas gravitaciones serían descomunales. La futura nueva galaxia ha sido bautizada como Lactómeda. En el cielo tenemos ejemplos de fusiones de galaxias, disfruta del espectáculo.

[La colisión entre dos galaxias a 75 millones de años luz de la tierra forma una nueva: la Galaxia de las Antenas. Crédito: NASAESA]

El final de los finales

No solo estamos obsesionados con saber qué es la vida. Después de haber disfrutado de esta historia de acción te estarás preguntando cómo termina la película: lamento comunicarte que hay un cambio de género narrativo hacia el drama. La expansión del cosmos, ocasionada por la todavía desconocida “energía oscura” y responsable de casi el 70% de la energía del cosmos, está haciendo que los cuerpos se alejen unos de otros de forma acelerada desde hace 6.000 millones de años.

Llegará un día en que alguien mirará el cielo nocturno desde su planeta y no verá ninguna estrella. Los agujeros negros, también pasado un tiempo, terminarán por borrar toda la materia en su interior emitiendo energía en forma de radiación. Los elementos que componen los átomos tienen fecha de caducidad. La vida media de una partícula muy estable como el protón, por ejemplo, es de 100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 años.

De alguna manera dentro de mucho, mucho, mucho, mucho, mucho tiempo, cuando no haya estrellas que inspiren a los astrólogos, ni culos cerca en los que adivinar el futuro, todo lo que ha existido y existirá algún día posiblemente se convierta en rayos de luz que viajen en soledad hacia la oscuridad de la noche. Voy a cerrar la ventana, que empieza a hacer algo de frío.