Nos hemos hinchado a hablar estos días de los esfuerzos que están realizando las tecnológicas de todo el mundo por pensar, desarrollar y lanzar aplicaciones que puedan ayudar a combatir el coronavirus. Hace no mucho hablábamos de Apple y Google, por ejemplo, pero los casos se cuentan por cientos y los países por decenas. Por eso es momento de hacerse preguntas.

O esto es lo que se preguntan un grupo de investigadores que, tras los primeros meses de pandemia, quieren ver hasta qué punto pueden ayudar estas apps que tan variada información están recogiendo.

El proyecto se llama “Covid Tracing Tracker” y está desarrollado por Patrick Howell O’Neill, Tate Ryan-Mosley y Bobbie Johnson, los cuales han publicado un interesante artículo en el medio MIT Technology Review donde hablan de que han cogido a las principales 25 aplicaciones de rastreo del coronavirus para ver su alcance y su utilidad de cara al futuro.

Como dicen los responsables del proyecto: “pese a la avalancha de servicios sabemos muy poco sobre ellos o cómo podrían afectar a la sociedad. ¿Cuánta gente los descargará y utilizará, y cuán ampliamente deben ser utilizados para tener éxito? ¿Qué datos recogerán, y con quiénes los compartirán? ¿Cómo se utilizará esa información en el futuro? ¿Existen políticas para prevenir el abuso?”. Tras buscar respuestas vieron que no las había.

Lo que se expone es que no hay un servidor central a nivel internacional donde se exponga la información, sino tan sólo datos incompletos provenientes de infinitas fuentes. Y tampoco había unas medidas estandarizadas de seguridad, sino que cada aplicación tenía sus propios niveles de intromisión y privacidad.

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A través del proyecto de estos investigadores, los ciudadanos podremos saber bastantes cosas sobre estas apps. Eso sí, sólo están revisando las respaldadas por los gobiernos nacionales ya que dichas aplicaciones están diseñadas para informar automáticamente a los usuarios o a los responsables de salud pública si alguien ha estado potencialmente expuesto al covid-19; es lo que generalmente se conoce como “notificación por exposición”.

Las preguntas que quieren responder son: ¿Quién la ha desarrollado? ¿Ya ha salido al mercado? ¿Dónde estará disponible y en qué plataformas? ¿Qué tecnologías utiliza? Y si este es el primer paso, luego tenemos el que será el segundo paso, que es saber cosas cómo, por ejemplo, cuántas personas lo han descargado y qué nivel de penetración ha alcanzado.

Y todo esto para acabar con el tercer y más importante objetivo, que es saber si estas aplicaciones son obligatorias en sus países de origen, saber cuan privadas son, conocer si se salvaguardan los derechos de los ciudadanos… y así unas cuantas preguntas más.

La tecnología en buenas manos es una herramienta poderosísima que nos puede ayudar a enfrentarnos a cualquier reto, y por eso acciones como esta son tan importante. ¿Quién vigila a los vigilantes? Se preguntaba poeta romano Juvenal (Quis custodiet ipsos custodes?), y razón no le faltaba. Está bien darle poder a estas aplicaciones que nos vigilan y ayudan, pero… ¿quién les vigila a ellos?