Con la Teoría de la Evolución sucede lo que con los llamados intangibles en la NBA: vemos a Luka Doncic sobresalir en la pista, triples, asistencias, velocidad, todo. Pero es necesario mirar a la estadística profunda para ver que su impacto real en el juego es aún mucho mayor de lo que cabría esperar. Para el conocimiento popular, una teoría es un conjunto de argumentos pendientes de validación que intentan explicar un fenómeno concreto. Sin embargo, en ciencias experimentales, el concepto de teoría es ligeramente diferente. Solo se emplea cuando refiere  a un conjunto de hipótesis que se han ensayado repetidamente y no han podido ser refutadas.

El  hecho diferencial de la evolución es uno de esos intangibles. Cuando se habla de la Teoría de la Gravedad, a nadie se le ocurre negar la gravedad o sus efectos, son hechos visibles, medibles y en ocasiones incómodos especialmente cuando el receptor de dichos efectos es la pantalla del iPhone 11 tras una torpe caída o un jarrón hecho pedazos en el suelo del salón. Sin embargo, con la evolución sucede lo contrario. Aún hoy hay quienes niegan su existencia, los principios que la avalan o los efectos que produce. La evolución, al contrario que la gravedad, es mucho menos visible, amen de mas lenta y silenciosa -esto último en especial cuando refiere al jarrón-.

[La gravedad es esa teoría que negamos, porque nos afecta a diario – Crédito: Unplash]

El reino animal abarca una diversidad inimaginable de organismos. No es necesario lanzar una cámara submarina a las llanuras abisales para descubrir peces con un solo ojo fluorescente, basta con ir al zoo y observar de cerca a una jirafa. Lo primero que llama la atención es que son animales a los que el cine en general -y Disney en particular- ha hecho mucho más agradables a la vista de lo que son en realidad. Superado el shock de los primeros instantes, uno repara en que la jirafa es un animal genuinamente extraño. Cuatro patas largas y espigadas, de apariencia no particularmente robusta, un tronco grueso con pinta de maletero de todoterreno y un cuello extraordinariamente largo coronado con una cabecita. Las jirafas pueden medir hasta 6 metros, lo que tres Pau Gasol juntos y en carrera corta alcanzan los 60 km/h. Quizá la amiga jirafa pueda darnos algunas claves para hacer tangible lo intangible. ¿A qué se debe esa anatomía tan extraña?

El cuello de la jirafa es peculiar no solo por su tamaño sino porque se trata de un rasgo único para estos animales y aún así no lo han tenido siempre. La evidencia fósil demuestra que los antecesores de la jirafa tenían el cuello corto. Más aún, los primos de la jirafa que habitan aún hoy entre nosotros, una suerte de cebras sin rayas, tampoco lo tienen. ¿Por qué surgió? En 1809, el naturalista francés Jean B. Lamarck observó cómo las girafas accedían a la comida: como animales herbívoros, alzaban la cabeza y estiraban el cuello para acceder a las hojas más altas de  los árboles. Lamarck concluyó que gracias a un continuo estirar el cuello, este iría creciendo poco a poco, haciéndose más y más largo de generación en generación.

[La jirafa nos enseña mucho sobre la evolución, aunque sea complejo – Crédito: Unplash]

La explicación puede parecer convincente pero es errónea casi al completo. Gracias a Charles Darwin conocemos la teoría de la evolución, por la cual es la selección natural hacia los mejora adaptados la que beneficia o no a unas características y otras. De la explicación de Lamarck puede tomarse la presión por obtener alimento como un factor de selección natural, pero solo hasta ahí. En la batalla por conseguir comida, un cuello algo más largo puede ser una ventaja frente a uno más corto. Las jirafas mejor alimentadas tendrían más posibilidades reproductivas y por tanto las características genéticas responsables de ese cuello ligeramente más largo se transmitirían a la descendencia. Así, progresivamente, el cuello de las jirafas se iría alargando.

Uno podría parar aquí, cerrar el navegador de internet y continuar con los afanes diarios. Las jirafas tienen el cuello más largo porque aquellas mejor alimentadas con los brotes superiores consiguen reproducirse y transmitir la herencia genética a sus descendientes. Pues no. O no exclusivamente. He aquí los intangibles. Una observación más detallada de los hábitos alimenticios de las jirafas nos descubre que no todas las jirafas, independientemente de su cuello, tienen preferencia por las hojas altas. En hábitats ricos en follaje, las jirafas se alimentan de donde puedan obtener alimento más rápido, brotes aproximadamente a un 60% de su altura. Sin embargo, en zonas con menor vegetación, las plantas suelen ser bajas y escasas. Estos hábitats están dominados por hembras jóvenes, que tienen que alimentarse a alturas su óptimas, en otras palabras, agachar el cuello y prácticamente comer del suelo.

Por contra, el macho dominante que acompaña a estas hembras tiende a comer de los pocos árboles que encuentran a su paso, en concreto, de las hojas más altas de estos árboles, en una suerte de demostración de vigor reproductivo.

[El baloncesto es ese deporte lleno de intangibles, ¿verdad, Doncic? -Crédito: Unplash]

Así, la idea de todas las jirafas estirando el cuello para comer de las hojas más altas es más una representación fantástica que una realidad científicamente contrastable. Si la alimentación es un factor, no es el único. ¿Cuál es la explicación entonces? Hay al menos dos razones. Una de ellas está relacionada con la efectividad reproductiva: los machos se chocan unos a otros con el cuello, una especie de demostración de fuerza. Las jirafas con el cuello más largo suelen ganar estas extrañas competiciones y esto les da una ventaja reproductiva con las hembras.

Ahora sí, la descendencia de estas parejas llevaría en sus genes características de “cuello largo”. Aun hay otra hipótesis: el cuello de las jirafas como regulador de la temperatura corporal. El hábitat natural de las jirafas se caracteriza por las altas temperaturas. Un cuello más largo tiene mayor superficie de área que uno más pequeño, luego tiene mayor capacidad de liberar calor interno. Pero el cuello de las jirafas no es la única rareza. Estos animales tienen una forma dolicomórfica, es decir, que son mas largas -de cuerpo, no de cuello-, que anchas. Así,  paradójicamente, una jirafa mirando al sol está explotando al máximo su capacidad de estar a la sombra.

Por cualquiera de estas razones o -especialmente- por una combinación de todas ellas, las jirafas tienen un cuello que las ha convertido en iconos del cine y la animación. Y una pregunta más: La jirafa es un vertebrado mamífero, tiene un solo corazón como usted y cómo yo, entonces… ¿cómo consigue recorrer la sangre casi dos metros en vertical y hacia arriba y más del doble hacia abajo? Un ventrículo izquierdo excepcionalmente grande es la clave para impulsar la sangre por todo el animal.

Doncic, no te quejes, para intangibles los míos.

Atentamente,  La Jirafa.