El tictac de las agujas del reloj últimamente suena más bien a TikTok. Cinco días después de que Trump firmara la orden ejecutiva contra la red social china, la cuenta atrás para la prohibición efectiva de las transacciones entre las empresas estadounidenses y ByteDance, matriz de TikTok, sigue adelante. Pese a las incógnitas sobre su legalidad y sobre sus efectos reales, la norma entrará en vigor dentro de 40 días.

A efectos prácticos, esta medida podría obligar a Apple y a Google a dejar de ofrecer TikTok en sus tiendas de aplicaciones y, por tanto, los usuarios dejarían de tener acceso a la red social. Por drástico que parezca, la decisión no ha sorprendido a nadie.

“Vamos a prohibirla”, avisó tajantemente Trump el 1 de agosto a los pies del Air Force. La orden ejecutiva es sencillamente el desenlace que cabía esperar después de que tanto Mike Pompeo, secretario de Estado, como Mark Meadows, jefe de personal de Trump, reafirmaran las declaraciones del presidente. Pero ¿por qué esta fijación con TikTok?

No es por la privacidad

La orden ejecutiva firmada por Trump alega que TikTok supone un riesgo para la seguridad nacional. De acuerdo a su política de privacidad, la plataforma de microvídeos musicales recopila una gran cantidad de datos de sus usuarios: historial de vídeos visualizados y de comentarios, datos de geolocalización, dirección IP, modelo de teléfono del usuario y su sistema operativo… e incluso el ritmo de tipeo al escribir. Muchos datos, sí. Pero nada que no recopile también Facebook o cualquier otra red social. ¿Dónde está el problema entonces?

El secretario de Estado Mike Pompeo aseguró a mediados de julio que estos datos corren el riesgo de caer en manos del Partido Comunista chino. Aunque TikTok lo ha negado y ha aclarado que los datos son almacenados fuera de China, las acusaciones del Gobierno de Trump se apoyan en que teóricamente, en virtud de la legislación local, el Gobierno chino podría obligar a ByteDance a entregarle estos datos, un argumento que ya utilizaron previamente contra Huawei. Vale, existe esa posibilidad –más o menos remota–, pero ¿acaso está Estados Unidos libre de culpas?

[Créditos: Unsplash]

Sin remontarnos muy atrás en el tiempo, hace menos de un mes el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló el Privacy Shield, acuerdo de privacidad entre Estados Unidos y la Unión Europea, argumentando que al otro lado del charco no se garantiza un nivel de protección adecuado de los datos. Esta sentencia fue el resultado de una demanda interpuesta contra Facebook. Y, concretamente, uno de las preocupaciones era que la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de Estados Unidos permite el acceso de las agencias de inteligencia a los datos almacenados por empresas como Facebook.

En definitiva, Facebook en vez de TikTok y la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) en vez del Partido Comunista chino, pero la vulnerabilidad de los datos es la misma –no por ello menos preocupante–. Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro, que diría el refranero popular.

Es política, simplemente política

ByteDance no es la primera compañía china bajo la persecución del Gobierno de Trump –ni será la última–. El viernes pasado el presidente estadounidense no solo firmó una orden ejecutiva contra ByteDance. También lo hizo contra Tencent, matriz de WeChat, por lo que la aplicación de mensajería china correrá la misma suerte que TikTok. Está por ver lo que pase con otras de sus propiedades, como el popular videojuego League of Legends.

TikTok Trump
[Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre del G-20 de 2018. Public Domain]

El foco está puesto ahora sobre ellas del mismo modo que antes lo estuvo sobre Huawei, que directamente fue incluida por el Departamento de Comercio en la lista negra de empresas con las que las entidades estadounidenses tienen prohibido hacer negocios. La guerra entre China y Estados Unidos empezó mucho antes de la retirada mutua de consulados o de que Trump bautizara al SARS-CoV-2 como “el virus chino”.

La imposición de aranceles millonarios a productos chinos en 2018 y la correspondiente respuesta de Xi Jinping fue la excusa para desatar una guerra comercial declarada. Pero eso es solo una batalla, la guerra es mucho más amplia y su combustible es el control del 5G. No importa cuántas empresas chinas caigan por el camino, lo importante es dejar claro quiénes son los malos y quiénes los buenos.  

Sobrevivir, a pesar de todo

Mientras tanto, TikTok trata de marcar distancia con el Gobierno chino. De hecho, se retiró voluntariamente de Hong Kong ante la entrada en vigor de la nueva Ley de Seguridad Nacional china, acusada de vulnerar los derechos humanos.

Con 800 millones de usuarios activos al mes en todo el mundo, ByteDance sabe que su plataforma estrella vale millones –literalmente–. Prueba de ello es que YouTube y Facebook están intentando hacerle competencia imitando la fórmula de los vídeos cortos, aunque de momento con dudoso éxito.

TikTok es todo un caramelo entre cuyos pretendientes están nada más y nada menos que Microsoft y Twitter. Las negociaciones para comprar la red social china están de momento en fase preliminar, pero es lo único que puede salvar a TikTok del veto presidencial. Ambas compañías tienen por delante 40 días para cerrar un acuerdo. El tiempo corre. Tictoc, tictoc.