Llevamos más de dos meses metidos en casa y nuestra concepción del mundo ha ido cambiando a la fuerza. Para muchos el trabajar desde casa era una locura, ya que habiendo pasando los últimos 15 años de su vida laboral en una oficina el hacer todo el trabajo desde la calidez del hogar sonaba raro y, para muchos, una tarea realmente difícil (más si tienes hijos).

Pero todo acaba, y con la desescalada en nuestro país -y media Europa- los distintos sectores han comenzado a moverse para, poco a poco, ir volviendo a la situación en la que estábamos antes. Primero fueron los trabajos de primera necesidad y después el resto de sectores. De ver los autobús vacíos a que ya vayan teniendo pasajeros. Parece lo lógico, pero podría no serlo si nos apoyamos en la ciencia.

Tras unas medidas realmente extraordinarias (y necesarias), el mundo tiene previsto volver a su modus operandi en los próximos meses, con o sin coronavirus a la vista. Parece que la economía no puede esperar más y que la salud ya no es lo primordial para muchos, así que la vuelta la normalidad está muy cerca… a no ser que hagamos caso a unos investigadores israelíes que creen tener la solución para frenar el virus sin someter a la economía.

¿Cuál es la fórmula? Trabajar 8 días al mes en la oficina y el resto estar en casa. O más concretamente ir cuatro días a trabajar y pasar 10 en nuestro hogar, saliendo un saldo de ocho viajes a la oficina por cada 28 días.

Seguramente os estéis preguntando qué sentido tiene esto, y la verdad es que no sólo tiene base lógica, sino que parece una medida realmente efectiva si se aplica con criterio, vamos a explicarlo.

La teoría de Uri Alon, Ron Milo and Eran Yashiv lo que hace es aprovechar la biología del virus, y se apoya en que si los trabajadores se enferman durante esos cuatro días iniciales, los síntomas deberían empezarían a aparecer en los diez días consecutivos que deben pasar en casa, por lo que si el trabajador da muestras de contagio los revelaría estando en casa y no infectando a sus compañeros de trabajo (por no contar los viajes en metro, tren y autobús).

De esta forma las empresas podrían tener controlados a sus trabajadores y, lo que es más importante, se asegurarían de tener entornos mucho más seguros y saludables.

Eso sí, lo que proponen los investigadores es que las empresas hagan turnos, para que la producción no cese: “Las empresas trabajarían casi continuamente, alternando entre dos grupos de trabajadores, para una producción regular y predecible. Esto aumentaría la confianza del consumidor, apuntalando la oferta y la demanda simultáneamente”, aseguran en un texto de opinión en el The New York Times los tres autores del estudio.

Para comprobar la eficacia de la propuesta el equipo de investigadores a usado modelos informáticos para encontrar que el valor R – o valor de reproducción, es decir, al número de personas que una persona infectada puede llegar a infectar – caería por debajo de uno si todos siguieran este inusual ciclo de dos semanas. Y, como ya vimos en su momento, si una enfermedad cae por debajo de 1 en su tasa de reproducción acaba desapareciendo.

Este modelo no es invariable, ya que sus autores han dicho que los días y los ciclos se podrían ir cambiando dependiendo de las necesidades de cada momento (picos de infectados, curva que no se aplanan, etc.). Eso sí, lo que también dicen es que la mejor forma de ayudar a combatir el virus es el distanciamiento social y salir lo menos posible de casa. Es decir, que aquellos que puedan teletrabajar lo sigan haciendo por todos aquellos que no tienen esa posibilidad.