Aquí ya hemos hablado bastantes veces de que las grandes tecnológicas americanas han empezado a dar caza a los bulos, las teorías de la conspiración y las fake news. La cantidad de mentiras que se extienden por la red es tan grande que, al final, han tenido que poner filtros y moderadores. Primero fue Facebook, luego Youtube y, ahora, Twitter.

La red social creado por Jack Dorsey decidió este mes empezar a etiquetar los tuits que contenían información incorrecta o peligrosa con el sello claro de “engañoso”. Y a los tuits que, directamente, eran falsos y que podían poner en peligro a la salud de los usuarios se les eliminaba de la aplicación.

Esto ha llevado a que hayamos visto cómo Twitter censuraba tuits contra las antenas de 5G porque, según los conspiranóicos, provocaban coronavirus. Esta teoría que, obviamente es mentira, se ha extendido como la pólvora y por ello las redes sociales se han puesto las pilas para frenarlo.

Lo malo es que este es uno de los muy pocos casos en los que Twitter ha sacado el ban hammer (una forma muy anglosajona de llamar a la censura), dejando pasar la oportunidad de convertir a la red social en un sitio más limpio y saludable. Y el ejemplo de equidistancia ante tuits falsos o erróneos lo tenemos en las últimas declaraciones de Donald Trump y la hidroxicloroquina que tanto apoyo ha tenido por parte del partido conservador.

Pero, ¿de qué hablamos? Pues de un comunicado que asegura que el fármaco antipalúdico hidroxicloroquina tiene un “90 por ciento de posibilidades de ayudar” a los pacientes de COVID-19 y que se está extendiendo como la pólvora en Twitter.

El artículo, publicado inicialmente el 28 de abril, ha sido difundido tras el reciente anuncio del presidente Trump de que está tomando el fármaco con regularidad. Alrededor de 500 cuentas han publicado el comunicado en Twitter en la última semana y otros cientos en Facebook. Entre las personalidades destacadas está el director de la campaña de Trump, Brad Parscale, que lo compartió ayer, justo después del anuncio del presidente.

Pese a que no hay una sola evidencia científica de que ese comunicado sea cierto (incluso entre los defensores de la teoría, como la Asociación Médica Americana, no tienen claro ni pruebas de que funcione), los portavoces de Twitter dicen que los tuits apoyando el uso de hidroxicloroquina no infringen las políticas de la red social, por lo que no piensan hacer nada.

Y no sólo eso, sino que ya han querido dejar claro que no intervendrán en todos los tuits que contengan información no verificada, sólo aquellos que atenten contra la salud pública o sean peligrosos.

Jack Dorsey continuará al frente de Twitter... de momento

Como vemos, las grandes tecnológicas (responsables involuntariamente de extender los bulos y las fake news) se están poniendo manos a la obra contra estas prácticas, pero es posible que sus medias tintas no sean las mejores en un momento en el que la desinformación puede hacer tanto daño.

El gesto lo está haciendo, pero es posible que no sólo con la voluntad alcance.