La capacidad humana de hacerse preguntas nos ha llevado mar adentro, más allá de donde se pierde con la vista la línea del horizonte, al espacio exterior, al fondo de llanuras abisales, nos ha mostrado criaturas microscópicas y explicado fenómenos ininteligibles a simple vista. Este año 2020 una pandemia viral ha sacudido al mundo entero y en menos de 10 meses la ciencia nos ha provisto no de una sino varias vacunas efectivas y seguras disponibles a gran escala. Hoy de va de vacunas y coronavirus.

Y es que las preguntas son el motor del método científico. Ahora, en Rewisor, contestamos a vuestras preguntas (aquí el hilo de Twitter) sobre cómo de preocupantes son las mutaciones del virus, cómo estas pueden afectar a las vacunas y si las vacunas protegen de la transmisión del virus.

Sobre las mutaciones del SARS-CoV-2

Pregunta: ¿Qué hay de esa mutación que se ha descubierto en Gran Bretaña?

Una concepción que habría que ir aparcando en un trastero oscuro para no desenterrar jamás es la de entender las mutaciones como las de los monstruos de las películas. Cuando el monstruo  muta siempre se hace más fuerte, más rápido, más inteligente o más poderoso. La realidad con las mutaciones en el sentido biológico en general y en el SARS-Cov-2 en particular es bastante distinta. Una mutación es cualquier cambio que se produzca en su genoma, que tiene aproximadamente 30.000 letras de longitud.

De esos cambios, lo mas normal es que el virus se quede como esté, que no tenga ningún efecto reseñable. Lo siguiente más probable es que la mutación rompa el juguete, que el virus se pegue un tiro en el pie. En otras palabras, hay muchas maneras de romper un coche, pero solo una de arrancarlo. En último lugar están las mutaciones de ganancia de función, aquellas que sí otorgan una ventaja respecto a la versión anterior. Además, esa mutación, ese cambio en el genoma, ha de tener un impacto en la estructura, composición o estabilidad de alguna de las proteínas del virus. Y no solo eso, también ha de ser en una proteína que juegue un papel principal en la infectividad del virus, no en una más secundaria. Si el SARS-CoV-2 tiene de 12 a 25 mutaciones al año aproximadamente, las probabilidades de que una de estas cumpla todas las característica anteriores son muy remotas. Muy remotas pero no cero.

[Las investigaciones han ido a un ritmo nunca visto, un hito – Créditos: Unplash]

En Reino Unido y Dinamarca se ha aislado una variante del virus, un virus con una mutación particular, según se ha sabido tras secuencias un sustancial numero de muestras. Hay dos hechos: 1. En estos dos países, los contagios han experimentado un repunte. 2. Se han detectado un gran numero de muestras con esta variante mutada. La cuestión a resolver es la siguiente. ¿Corresponde el repunte a la ganancia de función de esta mutación porque es genuinamente mas infecciosa, o por el contrario, porque los contagios están aumentando (por una variedad de factores), tenemos opción de ver y muestrear mayor numero de estas variantes? No tenemos respuesta aún.

La razón por la que esta mutación merece especial interés es porque se localiza en la proteína spike, la que el virus emplea para entrar a nuestras células e infectarlas. Sin embargo, hay del orden de 4.000 mutaciones registradas en todo el mundo en esa proteína en concreto y ninguna ha demostrado tal ganancia de función. En resumen, con los datos que se disponen

Pregunta: ¿Cubre la vacuna estas mutaciones?

Las vacunas se han diseñado empleando distintas variedades de los virus, no una sola variante exclusivamente. Tales variantes contienen mutaciones en distintas regiones del virus, incluidas regiones clave para la infectividad como la proteína spike. Una de las ventajas de las vacunas es que somos nosotros mismos quienes generamos las defensas contra el virus, es decir, no se nos administra la inmunidad per se.

[La vacuna, ¿el bien más preciado de nuestra sociedad? – Crédito: Unplash]

La inmunidad que el ser humano es capaz de generar se parece más a una metralleta potentísima que a un cañón de bala gorda. Nuestras defensas van contra todas las regiones del patógeno, no contra una única específicamente. Con la información de que disponemos a fecha de publicación de este texto, en principio esta tasa de mutaciones no supone un problema significativo para la vacunación.

Pregunta: Entiendo que este virus muta mucho. ¿Ocurrirá como con la vacuna de la gripe, que de un año para otro ‘no sirve para nada’? ¿Habrá que partir de cero cada vez o lo básico se mantendrá y solo serán ajustes?

En contra de lo que se puede pensar, el SARS-CoV-2 no muta mucho. De hecho, para ser un virus de ARN (una molécula relativamente más inestable y con mas propensión a los cambios que el ADN), muta bastante poco en comparación con otros virus. De promedio, si tomamos uno de estos virus en Nueva Zelanda y otro en Madrid, diferirán en tan solo 10 letras de las 30.000 de su genoma. Que necesitemos vacunas diferentes cada año esta aun por determinar.

De lo que si existe la sospecha es de que el SARS-CoV-2 estará con nosotros, rondando en el mundo, durante un buen periodo de tiempo. Esto se debe a la plasticidad del virus a la hora de saltar de organismo hospedado, entre humanos y animales. Aun así, en ciencia nunca se parte de cero. Muchísima investigación de la que, por su extrema complejidad o porque cubre temas más áridos y menos divulgables, apenas tenemos noticia está sirviendo para conocer al virus y sus intimidades. Si vuelve, estaremos preparados.

Sobre la transmisión de la COVID-19 después de la vacunación

Pregunta: ¿Las vacunas disminuyen la transmisión del virus? ¿Una persona vacunada puede ser inmune e infecciosa? ¿Previenen que uno se contagie, aunque luego no desarrolle la enfermedad?

Esta es una de las preguntas clave a las que aun ha de darse respuesta. Las vacunas en efecto elicitan —esto es, inducen— a que nuestro organismo produzca inmunidad. La inmunidad sin embargo no es blanco o negro, sino una gama de grises. La inmunidad como la entendemos habitualmente consistiría en que aunque el virus nos infectase, nuestro organismo sería capaz de defenderse de manera que no desarrollaremos la enfermedad. Pero esto es solo una parte de la inmunidad. Una manera más completa de verlo es conocer si la vacuna es también capaz de inducir inmunidad en las mucosas, es decir, de parar el virus a la entrada misma y no una vez que ya esta dentro. Esto es importante en lo que refiere a los contagios asintomáticos, los cuales juegan un papel esencial a la hora de la famosa ‘vuelta a la normalidad’.

[La nueva normalidad, ese sueño que todos perseguimos – Crédito: Unplash]

A este respecto tenemos buenas noticias, preliminares, pero buenas noticias de dos vacunas en concreto, la diseñada por Moderna y la de AstraZeneca/Oxford. Del resto, no se dispone aun de información suficiente. De los documentos que Moderna entregó a la FDA, la agencia estadounidense que regula la aprobación de vacunas y fármacos, y de la publicación de sus resultados en The Lancet por AstraZeneca se extrae una primera respuesta a la pregunta ¿previene esta vacuna la infección asintomática? La respuesta es que sí, en un 67% de los casos. Los ensayos clínicos continúan y más información estará disponible a este respecto próximamente.

Pregunta: ¿En esto influye el porcentaje de inmunidad que proporciona la vacuna?

La vacuna de Pfizer y la de Moderna han demostrado tener un 95% de eficacia, esto es, previenen 95 de cada 100 contagios sintomáticos. Ninguna parte del puzle es independiente de las demás y sería incorrecto decir que este porcentaje no influye. La manera de mirar a esta pregunta es la contraria: hay factores que influyen más, lo cual es positivo pues vacunas con una eficacia menor al 95% podrían prevenir el contagio asintomático igual de bien que las demás.

En el próximo artículo veremos de dónde se han acortado los ensayos clínicos para hacer que lo que normalmente tarda más de 6 años se haya conseguido en unos meses sin comprometer la seguridad, y cómo afectan las alergias (alimentarias o de otra clase) y otras patologías (cardiovasculares, respiratorias, etc) a la administración de la vacuna. Si hay un mensaje importante es que las vacunas, todas, son el final del principio, no el principio del final. Es fundamental no confiarse ahora pues es razonable pensar que los adultos sanos no recibirán la dosis de vacunación hasta la primavera o el verano. No quedan 2 semanas sino seis meses. El conocimiento y el método científico nos ha traído varias vacunas contra una enfermedad desconocida hace solo 10 meses. Solo hemos de aguantar un poco más. Y volverá la rumba.