En este post continuamos respondiendo a las preguntas de los lectores sobre las vacunas del coronavirus que han empezado a suministrarse por todo el mundo. Si no leiste la primer entrega sólo tienes que pinchar aquí. Seguimos:

Sobre los ensayos clínicos para aprobar las vacunas COVID-19

Pregunta: ¿De dónde se están recortando los tiempos de los ensayos clínicos respecto a otras vacunas? Si el periodo de creación de una vacuna es de más de 6 años, ¿cómo podemos fiarnos de estas que se han desarrollado en meses?

Esta es una de las preguntas que los científicos hemos de responder con mayor claridad precisamente por la sencillez de la respuesta y su impacto. La creación de una vacuna es un proceso muy complejo: empieza cuando se decide contra que enfermedad investigar tal vacuna y acaba muchos años después de que la primera persona reciba una dosis. Entre medias hay tres grandes etapas: la investigación, el desarrollo y los ensayos clínicos. Pero, como diría Jack el Destripador, vayamos por partes. Por simplificar siempre nos referimos a la vacuna contra la COVID-19 pero en realidad la vacuna, es decir, el elemento molecular que enseñará a nuestro organismo a producir inmunidad no es contra los síntomas de la enfermedad en abstracto sino contra una región del SARS-CoV-2: la proteína de la espícula, del inglés spike. La decisión de hacer diana contra esta proteína en concreto se toma en la etapa de investigación, en la que se estudian las características moleculares de tal diana así como sus puntos débiles. Gracias al extenso conocimiento que poseemos de la proteína spike de esta clase de virus por las anteriores epidemias del MERS y el SARS, la fase de investigación se ha podido acortar de años a tan solo unos meses. Esencialmente, ya teníamos el trabajo hecho.

Qué es una PCR la prueba para detectar el Coronavirus
[La prueba PCR, nuestro mayor aliado este año – Crédito: Unplash]

Después proceden los ensayos preclínicos y los estudios toxicológicos en animales que duraran de media de dos a cuatro años. Nuevamente gracias a la investigación para el caso de vacunas contra el MERS y el SARS, parte de los desarrollos ya estaban validados con anterioridad. Además, la parte aún no validada se ha realizado en cierta medida en paralelo con la fase inicial de la investigación. Que en circunstancias no-COVID estas fases no se realicen en paralelo se debe a que pasar de una a otra fase supone un riesgo para la compañía investigadora, pues cada fase es económicamente más costosa que la anterior por los riesgos de fallo que conlleva. No es lo mismo darte cuenta que el coche no va a funcionar cuando solo has elegido el color que cuando ya lo tienes todo ensamblado y listo para salir del concesionario. En este caso, los investigadores han decidido dar el paso por la emergencia global.

Toda vez que los ensayos toxicológicos y preclínicos en animales son satisfactorios se solicita el llamado INM (Investigación en Nuevo Medicamento) y se procede con los ensayos clínicos. Esta fase es con diferencia la más cara del proceso y la que más riesgo conlleva para la compañía investigadora de modo que solo se llevan a ensayos clínicos las moléculas de las que más seguro se esté de su éxito terapéutico. Constan de tres fases: la fase 1 dura de uno a dos años, la fase 2 aproximadamente dos años y la fase 3 de dos a tres años. El objetivo es asegurar en primer lugar la seguridad de la vacuna (que no haga lo que no dice que hace – efectos indeseados) y en segundo lugar la efectividad (que haga lo que dice que hace). En circunstancias normales, estas fases se llevan a cabo de manera secuencial y no se empieza una hasta que no concluye la anterior.

En el caso de las vacunas contra la COVID-19, se han realizado en paralelo en lugar de secuencialmente. Toda vez que se tuvo certidumbre de la seguridad se lanzó la fase en la que se testa la eficacia. El riesgo aquí es nuevamente adelantarse demasiado a la fase más cara de todo el proceso de creación de la vacuna. La circunstancia de emergencia global fue en este caso suficiente aliciente para hacerlo. En resumen, gracias a la investigación realizada previamente, al conocimiento de la ciencia básica de los virus y a la biología molecular del ARN, así como a la estructura en paralelo de los ensayos clínicos, la vacuna ha podido llegar de los ensayos preliminares a nuestro brazo en tan corto periodo de tiempo.

[El jugo de la vida ahora es una vacuna – Crédito: Unplash]

Pregunta: ¿Por qué existen grupos placebo en los ensayos clínicos?

Cuando se ensaya la eficacia de un fármaco o una vacuna, el objetivo es asegurarse de que la mejoría se produce por el efecto de tal fármaco y tal vacuna y no por causas externas. En el caso específico de una vacuna, se trata de averiguar si aquellos participantes en el ensayo clínico que reciben la vacuna no se contagian de la enfermedad gracias a la vacuna en si misma y no a que, por nuestros propios sesgos, tengamos más cuidado de no contagiarnos o similares.

Cuando una persona se enrola en un ensayo clínico desconoce si será asignada al grupo placebo o al grupo vacuna. De este modo no existe sesgo posible. Aquellos que monitorizan el ensayo clínico sí conocen la asignación de los distintos individuos y pueden por tanto sacar conclusiones sobre el efecto protector de la vacuna.

Las vacunas contra la COVID-19 o coronavirus las preguntas de la gente volumen 2
[Imagen de archivo porque con ese color no es la vacuna – Crédito: Unplash]

Pregunta: Tengo entendido que el trabajo estadístico para comprobar la efectividad de un nuevo medicamento y sus efectos a medio largo plazo es brutal y muy exigente (doble ciego, grupos separados, etc.) y esto hace que el desarrollo se alargue. ¿Ha sido en este caso igual de exigente?

Sobre la exigencia estadística, nada ha cambiado en el desarrollo de estas vacunas con respecto a otras anteriores. Como sucede normalmente, se ha realizado con grupos placebo y grupos “vacuna” siguiendo el diseño “ciego” para evitar correlaciones espurias. La persona que recibe la dosis de placebo o vacuna desconoce si ha recibido una o la otra de manera que su comportamiento y precauciones para evitar el contagio se mantengan igual en uno u otro caso.

El conocimiento de si la persona ha recibido placebo o vacuna lo tiene el grupo central de la gestión de la investigación. Además, los ensayos clínicos se evalúan no por la empresa inventora de la vacuna sino por organismos independientes además de, previa administración al público, por las agencias del medicamento correspondientes. Solo hace falta asistir a una de estas sesiones de evaluación, que se han realizado de forma pública, para reparar en el nivel de cuestionamiento hasta el detalle más minúsculo